sábado, 27 de marzo de 2010

Un pedacito de mi corazón bajo un árbol, empapado de magia...



Después de tantos años, una noche de verano en que la lluvia azotaba sobre mi pelo y mis pestañas, creí volver a querer...
Allí parada sobre la vereda de una calle campestre y enripiada que se encontraba vacía, bajo un árbol frondoso que me protegía de la lluvia, pero que dejaba pasar hasta mi rostro el roció trasparente que resbalaba de sus hojas, él me abrazo y me acarició diciendo una y otra vez que me quería, como si no lo pudiese decir nuevamente y aprovechando la soledad de la calle y el sonido de la lluvia que enmudece todo aquello que dices si te encuentras a algunos centímetros de distancia, yo no dije nada, tampoco sabia que decir, sabía si que era un hombre al que no podía mirar, por tanto menos tocar y mucho menos querer...
Trate de rechazar y de no corresponder su cariño con un simple beso en la mejilla, esa noche mi sentí que mi distanciamiento había resultado y volvimos a casa un tanto extraviados de tanta contrariedad, aún así creo que él sabía que yo no podría evitar lo que sentía y que tarde o temprano terminaría cayendo en su "amor".
A la mañana siguiente despertamos en la misma cama, abrazados como si uno de los dos tuviese que partir y el otro intentase evitarlo, pero nada de eso era verdad...
Esa noche bajo un cielo estrellado, en una carretera a contra luz solos nuevamente sentimos ansias de querernos, a la mañana siguiente nuevamente despertamos juntos, solo él y yo sabemos lo que paso, pero esta vez si teníamos que partir...
no sirviendo de nada de esperar, de nada querer, de nada sentir...
no sirviendo... no valiendo... simplemente de nada.

No hay comentarios: